viernes, 26 de febrero de 2016

30 DE DICIEMBRE, 2015




El aeropuerto se llamaba London Heathrow, si no me equivoco. La llegada fue perfecta. Encontrar el colectivo que nos llevaba al hotel, fue un dolor en el culo.

Por suerte, después de dar un par de vueltas por ahí encontramos el colectivo. Dejé mi valija en el baúl y me preparé para subir. El colectivo era tan grande que podíamos tener un par de asientos para cada uno sin problema. Me quise sentar con Delfina, que se había ido para el fondo. No sabía que hacer, si sentarme con ella - iba a quedar como una pesada y cargosa- o sentarme aparte. O lejos. O cerca. Dios mío, ¿porque soy tan tan complicada?. En fin, me decidí por sentarme al lado de una chica rubia que estaba un asiento adelante de Delfina. Le pregunté si podía y me dijo "OBVEO", en ese mismo momento me arrepentí. Sentía que la estaba molestando. Definitivamente estaba haciendo el ridículo, sentándome con ella cuando tenia medio colectivo vacío a mi disposición. ¡Tonta, tonta, tonta!. En un momento que un chico se estaba acomodando en su asiento y otro par se levantaron, aproveche la distracción - y que no iba a ser muy incomodo- le murmuré a la chica "mejor me voy para adelante", agarré mi bolso como pude y me fui dos asientos mas adelante de donde estaba ella. Me senté y empece a mirar al rededor. No había sido tan evidente, "no pasa nada", me decía a mi misma. 

El colectivo se puso en marcha rápido y partimos. No tenía la más pálida idea de hacia donde, no iba a preguntar de todos modos. Chequeé la batería de mi celular, todavía quedaba algo en caso de que fuera necesario. Veinte horas sin cargarlo no es poca cosa. Y a eso hay que sumarle todo el uso que le dí durante el avión. Lo guardé y me puse a mirar por la ventana, de a poco fueron apareciendo las típicas casas inglesas, chiquitas, todas muy parecidas. Y junto a eso, mis ojos amenazaban con cerrarse, cada vez pesaban mas y mas. Al fin estaba sintiendo el peso de no pegar un ojo por veinte horas. Pero aún así, luchaba para mantenerme despierta. Casi que escuchaba la voz de mi mama en mi cabeza "¿Como te vas a perder esto? Te vas a arrepentir después, ¡abrí los ojos!". Pero llegó un momento en que ya no pude resistirme y me dormí con la cabeza contra la ventana.

Supongo que lo que me despertó fue la coordinadora hablando por el micrófono - o el colectivo, que había parado- la verdad no recuerdo como fue todo. Nos anunciaron que no íbamos camino al hotel. Primero íbamos a hacer un tour por la ciudad. ¡UN TOUR! . Creo que en el momento que lo dijeron las mandíbulas de todos se nos desencajaron. Y no de alegría. ¿Un city tour? ¿En este estado tan poco digno? Todos estábamos de acuerdo en que nos sentíamos feos, sucios y muy cansados. No nos podían hacer eso. Pero bueno, los planes son planes y no había nada que hacerle.

De un momento a otro, teníamos a una guía -Montserrat- adentro del colectivo. Era española y para mí tenia unos casi cincuenta años. El tour comenzó y mientras ella explicaba, el colectivo recorría las calles de Londres. Para ser sincera, no me acuerdo mucho de lo que ví, es muy borroso el recuerdo, pero puedo asegurarles que yo estaba que me quería tirar de la ventana. ¡Que hermoso y llamativo que era todo!

Después de unos minutos anunciaron que haríamos una parada para visitar el Big Ben. Estacionamos a unas cinco cuadras mas o menos de ahí. Teníamos poco tiempo para bajarnos porque el colectivo solo podía parar por unos minutos, no podía quedarse, así que todos, como pudieron, agarraron los abrigos que tenían a mano en sus bolsos y mochilas. Yo por suerte iba preparada y estaba decentemente abrigada. Conecté el cargador portátil a mi celular -que ya estaba rogando batería- y me bajé del colectivo.

Montserrat lideró la marcha del grupo con su paraguas en alto y comenzamos a caminar. Hacia frío, pero esperaba que estuviera mucho peor. No era que estaba perfecta, podría haberme abrigado más, si me bañara, si estuviera mas tranquila en un hotel.. pero ese no era el caso. Sacudí ese pensamiento de mi mente y me dispuse a prestar atención a lo que me rodeaba. 
La guía nos contaba sobre cada edificio, estatua o monumento que íbamos pasando. Estábamos apurados, era mucha información y yo trataba de retener la mayor cantidad de datos que pudiera, pero claro que no funcionó porque ahora no recuerdo absolutamente nada de lo que nos dijo.

Al cabo de unos pocos minutos, llegamos al "Parliament Square" que es como una plaza donde se puede ver el Big Ben. Hay miles de maneras de sacar fotos del Big Ben, hay millones de perspectivas, pero creo que, -en lo personal- esa es la peor. A pesar de ser temporada baja (pleno invierno) estaba lleno de turistas, era imposible caminar con tranquilidad. Abajo voy a adjuntar una imagen que busqué en Google de ese mismo lugar. Pondría una foto que yo haya sacado, pero entre el poco tiempo que había para sacar fotos y la lluvia, las fotos fueron desastrosas.



Ojalá recordara aunque sea algo que contó Montserrat, pero como ya dije antes, no me acuerdo un carajo. De todos modos, encontré un pedacito de información que les puede ser útil.

"Big Ben. Mide 96 metros de altura y fue construido en 1858. Big Ben es el apodo de la gran campana en la Torre del Reloj en el Palacio de Westminster. Se usan monedas antiguas de penique en el péndulo para ajustar el reloj".

Ahora, podrán ver que dicha estructura esta rodeado como de edificios, de construcciones. Y es que todo forma parte del Palacio de Westminster (abajo les adjunto otra imagen de Google, donde se puede apreciar todo el palacio) que es donde también se encuentran las Casas del Parlamento.

"Casas del Parlamento. El edificio tiene 99 metros de altura y fue construido en 1070. Probablemente los edificios mas emblemáticos de Gran Bretaña, las Casas del Parlamento fueron reconstruidas despues del gran incendio de 1843 siguiendo el diseño de Charles Barry, con magníficos interiores de Pugin".



Si miran bien, verán que hay una torre que resalta, se llama la Torre de Victoria. Les adjunto una imagen (de Google, como las otras anteriores) y abajo les pongo un poco de información.



"Torre Victoria. Construida en 1860, tiene 98.5 metros de altura y debe su nombre a la reina Victoria, y es la torre mas grande y más alta del Palacio de Westminster. Se erige sobre la "entrada del monarca" (Sovereing's Entrance), la única utilizada por la reina. Fue restaurada en la década de los noventa y en la actualidad alberga los Archivos Parlamentarios".

En fin, seguimos recorriendo por la zona, cerca está la Abadía de Westminster, que es una iglesia gótica anglicana del tamaño de una catedral, localizada justo al lado del Palacio. Se podía entrar, pero lamentablemente no teníamos el tiempo, además, si no me equivoco, la entrada es paga y todavía teníamos muchas cosas por hacer. Repito lo mismo, no tuve el tiempo suficiente para tomar fotos lindas, asique adjunto foto de Google.


Después de terminar de recorrer esa parte, nos dieron unos minutos para separarnos en grupos y recorrer, la guía nos sugirió ir a comer algo. Cuando lo dijo, creo que casi todo el grupo la miró con cara fea. ¡¿Comer?! Montserrat no paraba de sugerirnos una sopa, o una milanesa. Yo pensé que se había vuelto loca. ¿Quien come eso a la mañana?. En un momento alguien la interrumpió y le preguntó que hora era. Dijo que eran casi las tres de la tarde. Claro, ahora todo tenía sentido. Entre el vuelo ajetreado, el cambio de hora y el tour, yo estaba completamente perdida y me había olvidado que yo era un ser humano que necesitaba alimentarse.

Con un par de chicas fuimos a una cafetería, yo miré la comida que había expuesta y se me revolvió el estómago. No porque fuera fea o desagradable, para nada, pero yo seguía en una etapa de recuperación del vuelo, y no podía comer sólo porque sí. Me pedí un chocolate caliente y tomé eso.
Con el tiempo que tuvimos libre, aprovechamos a hacer una pequeña repasada a lo que ya habíamos visto, tomamos un par de fotos más y fuimos al baño.

Cuando se hizo la hora de reunirnos todos devuelta, fuimos al punto de encuentro, donde estaba el colectivo y nos subimos. Cristina, la coordinadora nos contó a todos. Pero había un problema. Faltaba alguien. Adriana. No había estado con ella así que ni siquiera sabía quién era. Nadie la había visto, nadie sabía a donde se había ido. Los minutos pasaban y ella no venía, y con cada segundo que pasaba, mi coordinadora más se desesperaba. No la puedo culpar, primer día y ya perdemos a una persona. Todos formulaban teorías de dónde podría estar, otros, chistes. El tiempo pasaba y Adriana no aparecía, así que Cristina tomo la decisión de quedarse y de que nosotros continuamos con el tour.

Después no recuerdo en que momento, pero Adriana llegó. Cristina estaba lagrimeando y se bajó a abrazarla, emocionada y aliviada. Todos nos reíamos. Los chicos hacían bromas. Y sin perder mas tiempo, continuamos con el recorrido.

Fuimos al palacio de Buckingham, es muy bonito, es muy grande así que era imposible sacar una foto completa a menos que te alejaras unos cuantos metros. El detalle que tenían las puertas era impresionante. Abajo les pongo un poco de información que encontré junto a una foto de Google.

"Palacio de Buckingham. Tiene una arquitectura neo clásica, inaugurado en 1703. Este sirve a la Reina de despacho y residencia. Es unos de los pocos palacios reales en activo que quedan en el mundo. Hoy en día, los Salones de Estado se utilizan con frecuencia por la Reina y otros miembros de la Familia Real para recibir y agasajar huéspedes en visitas y ceremonias oficiales. Esta abierto para visitas en ciertas épocas del año".


Al frente del Palacio había un monumento, el monumento a la Reina Victoria. Si no me equivoco, la escultura de la punta está bañada en oro y fue creada un 16 de mayo de 1911. Abajo imagen de Google.


Después de haber estado por unos minutos en esa zona volvimos al colectivo para seguir recorriendo. La verdad no recuerdo exactamente que lugares vimos, pero sí recuerdo que no nos volvimos a bajar. Recuerdo haber pasado por unas calles muy bonitas del centro, seguramente pasamos por los edificios, museos y monumentos mas importantes de Londres.

El tour por fin terminó y el colectivo nos dejó en la puerta del hotel, el Ibis. Cada uno buscó sus pertenencias y entramos. Mi primera impresión del hotel fue que era hermoso. Amaba la manera en que estaba decorado, muy moderno pero a la vez cálido. Cristina se dirigió al mostrador y empezó a hablar con la recepcionista. Unos minutos después nos empezó a la llamar de a grupos de a dos para darnos la llave de la habitación. A mí me tocó con una chica que se llama Josefina, ya la tenia bastante fichada de antes, pero no sabía su nombre.

Subimos por el ascensor y nos bajamos en el tercer piso. La habitación era espaciosa y tenia todas las comodidades, eran dos camas juntas, arriba de ellas había un cuadro que armonizaba con la habitación de tonos cálidos, a un lado había un escritorio que llegaba de pared a pared, una ventana y un pequeño armario. Y obviamente teníamos un baño, que estaba cerca a la puerta de entrada.

Empecé a hablar con Josefina y me cayó bien. Acomodamos nuestras cosas y hablamos un buen rato, después cada una se fue a bañar. Tampoco teníamos mucho tiempo porque Cristina nos había dado un horario para reunirnos todos en el hall del hotel.

Cuando se hizo la hora, bajamos - yo muchísimo mas aliviada- y fuimos a recorrer por la zona. Había una estación de tren cerca, entramos y nos dividimos, teníamos tiempo de sobra para recorrer y comer por ahí. Yo estaba con Camila, Delfina y Belén. Recorrimos un buen rato la estación, estaba muy buena y llena de negocios. Por distraernos, perdimos de vista a Delfina y Belén. Con Cami las empezamos a buscar, pero no las encontrábamos por ningún lado. Nos quedaba poco tiempo y todavía no habíamos comido, para colmo, no había ningún lugar conocido y confiable para cenar.

Nos terminamos decidiendo por Starbucks, compramos bebida y un sándwich y nos fuimos a buscar una mesa para sentarnos. De casualidad encontramos a las chicas y nos sentamos con ellas. Todo iba a la perfección hasta que metí la pata: en un movimiento brusco, queriendo agarrar algo que estaba en la mesa, volteé la botella de Belén, la cual se volcó en su rodilla ¡Que vergüenza! Se notaba que se había enojado conmigo, y yo no sabia que hacer. Le pasé servilletas, junté el desastre que había hecho y fui a tirarlo. Seguía muy enojada, como que si el jean se estuviera esfumando poco a poco por culpa del líquido que yo había derramado. La tensión se podía tocar con los dedos, y los comentarios que hacía Delfina no hacían nada mas que empeorar la situación. Casi que animaba a que Belén estuviera peor. Me sentía horrible, me sentía totalmente humillada.
Gracias a Dios se hizo la hora de reunirnos con el resto del grupo, y nos dió la excusa a Camila y a mí para escaparnos y dejarlas a ellas dos en el baño.

En el camino de vuelta al hotel yo seguía pensando en lo que había pasado, sentía que Belén me iba a odiar por el resto del viaje, que ni siquiera me iba a querer mirar a la cara. Pensaba en formas de arreglarlo, que cosas podía decir y cómo, hasta que en un momento escucho que alguien me habla. Era ella.
"Romi, perdón por lo que te dije, al final el jean se secó y quedó re bien". Wow. La sensación de alivio que tuve al escuchar esas palabras fue impresionante, casi que me ponía a saltar de la felicidad, pero de alguna manera me las arreglé para contestarle algo como "Todo bien, no te preocupes". Estaba considerando seriamente la posibilidad de hacer una fiesta para celebrar. Me sentía aliviada. Ya había pasado. Se había terminado.

No recuerdo exactamente lo que pasó cuando llegamos de vuelta al hotel, pero seguramente nos fuimos todos a dormir temprano, el cansancio que teníamos era increible. Había sido un día de locos. 

jueves, 18 de febrero de 2016

29 DE DICIEMBRE, 2015

La gran fecha había llegado.

Mi papá puso la valija en el baúl de nuestro auto y nos subimos todos. Casi que la tensión se podía tocar con los dedos. Pusimos la radio para que no se note tanto. En el camino hablamos de cosas sin importancia, y mi papa trataba de bromear. Yo tenia el pulso por las nubes y estaba considerando seriamente tirarme del auto y volverme a casa. Era la primera vez que pasaría tanto tiempo alejada de mi familia, siempre nos fuimos de vacaciones juntos, y si me iba sola alguna vez, me iba sólo por unos días. Ojo, yo sí confiaba en mi misma, sabia que iba a poder valerme por mi misma y ser responsable, pero el no tener una amiga con quien viajar, el estar completamente sola, me estaba poniendo nerviosa. 

Al cabo de unos minutos llegamos a la terminal de colectivos de Santa Fé, que queda como a unos treinta minutos de mi casa. Eran como las once y media de la noche. Nos bajamos con todas mis pertenencias y fuimos a la parada en la que supuestamente habría un colectivo esperándonos para llevar a todo el grupo a Ezeiza -el aeropuerto mas grande de Argentina- que queda en Buenos Aires. 

Faltaban mas de cuarenta de minutos para subirnos al colectivo, y yo tenia una calza larga puesta y no estaba favoreciendo para nada al calor que sentía, transpiraba un montón y no hacia mas que mirar a mi alrededor, tratando de adivinar - entre todo el montón de gente- quien estaba en mi grupo o quien era un pasajero más.

No es no conociera a nadie en absoluto, en realidad, unos meses antes, la empresa había organizado un par de reuniones informativas, en las que todo el grupo estaba invitado. Obviamente no era obligatorio ir, pero estaba bueno ir porque te llenaban de consejos y tips para el viaje. Lo mejor era que te podías sacar todas las dudas que tuvieras. Otra de las funciones de la reuniones era para que nos conociéramos entre nosotros, y yo NECESITABA conocer aunque sea a un par de chicas, para ir rompiendo el hielo y hacerme amigas más rápido. Pero el problema era que apenas terminaban las reuniones, cada uno se iba con sus familias rápidamente, y no daba margen para aunque sea una charla chiquita, ni siquiera para decirnos nuestros nombres. No conocía a nadie y tampoco me acordaba de ningún nombre. Estaba en bolas. Por eso me sentía ansiosa y nerviosa. ¿Con quien me siento en el colectivo? ¿Y si no me hablo con las chicas? Eran miles de preguntas que me hacía a mí misma, y sumémosle a todo eso que yo jamás me había subido a un avión. 

Por suerte mis papas y mis hermanas me ayudaron a distraerme hasta que se hizo la hora de que me subiera al colectivo. Nos dimos un mega abrazo de despedida - mi papa casi lagrimeando- debo admitir que yo también estaba que se me salían unas lagrimitas de emoción, pero me obligué a mandarlas para adentro devuelta, no iba a llorar adelante de todos. Me subí al colectivo y le pregunte a una chica si me podía sentar al lado de ella. La verdad es que ya la tenia fichada, la había visto en una de las reuniones y me daba tranquilidad sentarme con una cara no tan desconocida. Nos pusimos a hablar un poco y me dijo que su nombre era Delfina. Estuvimos hablando por unos minutitos de cosas sin importancia, ella parecía muy tímida pero me caía bien. Después de que todo el mundo se hubiera subido, el colectivo finalmente arrancó. Se veía a todas las familias saludando desde abajo, todos con sus celulares filmando o sacando fotos, incluyendo papá. Todos movían sus manos en señal de saludo y yo no era la excepción.

Al cabo de un rato, recline mi asiento y me dispuse a dormir, teníamos aproximadamente seis horas de viaje por delante y tenia que tratar de ponerme cómoda. No, esperen: ni siquiera se podían reclinar los asientos. Además, tenia que llevar en mi falda un bolso gigante porque no entraba donde se pone el equipaje de mano. Por lo tanto, me olvidé de la comodidad y me puse a dormir.

Llegamos a Ezeiza como a eso de las nueve de la mañana, la verdad no recuerdo exactamente. Me impresionó el tamaño del aeropuerto. Es de no creer. Yo sabia que son gigantes, ¿pero tanto? Hicimos el check-in,que demoró bastante porque la cola era larga y nosotros eramos veinticinco personas. A pesar de que había hablado bastante con Delfina, no nos teníamos la confianza suficiente y ya no sabíamos de que hablar. El aire estaba muy tenso y todos nos limitábamos a hacer la cola silenciosamente. Hasta hice un intento - fallido- de tratar de incluirme en la conversación de unas chicas, pero al parecer no se dieron cuenta que estaba tratando de unirme y no funcionó. Fracaso total. Que vergüenza. A todo esto, la coordinadora del grupo, Cristina, se reía y no decía que ya íbamos a entrar en confianza. Después de un rato, gracias a Dios, un par de chicas se pusieron a hablar y me incluyeron en la conversación, traté de aprenderme los nombres. Pude sólo con uno. Los nombres definitivamente no son lo mio.

Yo la verdad que no tenía la mas pálida idea de que se hace en un check-in o como. Estaba totalmente perdida. Asique cuando estaba por ser mi turno, tome coraje y con valija, bolso y folio en mano, fui hasta el "puestito". Resulta que no había que hacer gran cosa, primero se le entrega el pasaporte, un par de papeles mas, te entregan el pasaje de avión y luego te hacen poner la valija como en una cinta transportadora, como la de los supermercados, pero mucho mas grande. Ahí mismo la pesan, y si esta todo bien, después te la despachan. Con el bolso de mano hacen exactamente lo mismo, con la diferencia de que no te lo despachan, lo tenes que llevar con vos adentro del avión.

En fin, es increíble la cantidad de papeleo que hay que hacer para los viajes. Cuanto mas grande el viaje, cuanto mas lejos, pareciera que hay mas y mas papeles. Por suerte yo me llevé una mini carpetita con divisores, y los tenia a todos etiquetados, donde iba el pasaporte, donde iba la autorización, donde iba el pasaje, ect etc. No me podía dar el lujo de perder nada de eso, todo era importante y bueno, obviamente,si llega a faltar algo de eso, Romina no se va a ningún lado.

Recorrimos un buen trecho - otra vez, todo parecía demasiado grande- y llegamos al "striptease", osea el control de seguridad. La coordinadora le llama así,  y la verdad es que es tal cual. Tenes que poner todas tus pertenencias en una cinta -bolso de mano, cartera, mochila, lo que sea- y empezar a sacarte camperas, bufandas, zapatos, gorros y poner todo eso en la cinta para que todo pase por el escáner. Estábamos todos con ropa ligera de verano, asique no fue un problema.

Al lado de la cinta hay como un arco y cuando ya te sacaste todo recién podes pasar. El guardia te da la señal y pasas. Creo que gracias a Dios no me sonó. O sí. No me acuerdo, pero vino otro guardia -era mujer- y me pasó las manos por las piernas, brazos y estomago como para dar una repasadita final. Si esta todo bien buscás tus cosas y listo.

Pero bueno, como no quiero que este blog se convierta en un tutorial explicativo de como pasar el control de los aeropuertos, voy a seguir contándoles.

Después de eso, pasamos por el Duty Free Shop (Tienda Libre de Impuestos) que era gigante y tenía todas esas cosas que jamás vamos a poder conseguir en Argentina. Era un sueño. Tenia cosas de diseñadores, todos los dulces importados, electrónica, había para divertirse un buen rato, pero no nos quedamos ahí, directamente fuimos a la sala de espera.

La sala de espera tenia un vidriado gigante que daba a los aviones. Con Florencia -la conocí en la cola del check-in- fuimos a comprar algo para tomar a Starbucks (una cafetería) y nos sentamos a charlar con un par de chicas mas. Nos quedaba como dos horas de espera, o menos. Me conecté al WiFi y hablé un poco con mis papas. Con las chicas charlamos de todo un poco y nos dijimos nuestros números de asientos. Yo no coincida ni por asomo con ninguna. Me dije a mi misma que no me tenía que preocupar. Seguramente cerca de otra persona del grupo me tocaba. No iba a estar sola.

Después de un tiempo anunciaron por los parlantes que el avión ya estaba listo para abordar. Lo dicen con esa voz mecánica, como en las películas. Obviamente se llenó de gente, yo no podía creer que fuéramos tantos. Nos fueron llamando de a secciones, según el numero del asiento. Yo me empecé a asustar, porque todo el grupo ya había pasado, y yo seguía sola, esperando. Llamaron a un par de secciones mas, y yo quede entre el grupo de los últimos. Casi que temblaba.

Finalmente pude pasar, había que entregarle el pasaje y pasaporte a una mujer, lo ponía en un lector de código de barras y había que seguir derecho, por un pasillo todo hecho como de vidrio, que conecta directamente con la puerta del avión, donde había azafatas esperándote para decirte como encontrar tu ubicación.

No había tiempo para asimilar con tranquilidad la inmensidad de lo que era ese avión, apenas escuche a la azafata - que era española- y me mandé adentro del avión. Sentía que pasaba todo muy rápido. No se como, pero encontré el asiento. Vi que todos ponían sus bolsos en los compartimentos de arriba, asique yo hice lo mismo (no iba a hacer eso de llevarlo en la falda, como hice en el viaje hacia Ezeiza, no se imaginan como me quedaron las piernas, ¡rojas ardidas!) y me senté.

A todo esto, yo estaba entrando en pánico, literalmente. No había absolutamente NADIE del grupo en la sección donde yo estaba sentada. ABSOLUTAMENTE NADIE. Yo no sabia que hacer. El avión se seguía llenando y a mi con cada persona que entraba, más aire sentía que me faltaba. Llámenme exagerada, dramática, lo que ustedes quieran, pero era mi primer vuelo en la vida, y no solo que no entendía un carajo sobre aeropuertos ni aviones, sino que estaba COMPLETAMENTE SOLA en la otra punta del avión en un vuelo de doce horas. El aire me estaba faltando y no era cualquier cosa. Ver tanta gente parada, tantos bolsos, mochilas, el hecho de que los asientos eran pequeñísimos, todo estaba colaborando a que sienta como si me estuviera ahogando.

Pero al menos, dos cosas buenas pude rescatar:

1- Estaba en el pasillo, cosa que era excelente, porque podría ir al baño tranquilamente todas las veces que yo quisiera (soy una persona muy "apegada" al inodoro)

2- Estaba sentada al lado de una chica - no recuerdo su nombre- que tenia un par de años más que yo, fue muy amable conmigo. Me hablo un poquito de ella, me preguntó sobre mí y me enseñó como ponerme el cinturón de seguridad (cuando vio que yo estaba tratando de abrochármelo como una india)

Pero aún así, no era suficiente. Yo apenas le respondía a la chica, no podía parar de pensar como iba a yo pasar doce horas ahí dentro. Quería abrir las ventanas a toda cosa. No se cómo, pero quería. Estaba al borde de las lágrimas. Me arrepentía, me arrepentía muchísimo. Quería estar en casa, con mi familia, quería volver. No sabía que estaba haciendo ahí, yo no encajaba. Sentía que el techo se acercaba a mí cada vez más. Entre la desesperación para hacerme sentir mejor y tratar de no llorar adelante de toda esa gente, agarré mi celular, busqué la aplicación para escribir notas y descargué mis sentimientos ahí. O al menos una parte. Abajo, se los voy a poner. No les prometo que esté bien escrito, o que sea educado, o que este bien relatado, porque estoy segura que no es ninguna de esas cosas. Sean libres de reírse y burlarse todo lo que ustedes quieran.

"Esto es terrible. No, no y no. No esperen que pase. Doce horas acá, yo NO paso. ¿Se entendió? Les voy a arrancar una oreja si es necesario para que lo entiendan. Me tiro de una ventana, no sé. Eso lo veo después. No hay manera en este mundo que vaya a pasar YO doce horas seguidas en este avión. ¿Acaso están locos? Ni siquiera arrancó y yo ya estoy mareada ¡DÉJENME SALIR LA PUTA MADRE! ¿Que carajo es esto, esto de los aviones? ¿Quien fue el hijo de puta que los inventó? Madre mía. Hay mucha gente y es gigante, es como un hotel. Nada tiene sentido. Si no llegamos mágicamente dentro de cinco minutos probablemente muera. Ahora ya está. Llego a España y espero a que me busquen en una vaca voladora. Están locos. Gracias a Dios al lado tengo una chica re copada, ella me enseña y me cuenta todo del avión. Técnicamente, ella es igual de "primeriza" que yo en esto, se tomó su primer avión desde Tucumán para estar en Ezeiza hoy. Asique estamos casi en la misma.

Los aeropuertos son una guaseada, son una locura, no esperen que me ubique. No me ubico ni en mi ciudad, ¿de verdad esperan que lo haga acá?. ESPEREN UN SEGUNDO. ¿El avión se está moviendo para los costados? ¿O yo estoy histérica? No puede ser que este arrancando, ya me habría enterado. Además, la gente sigue acomodándose. Imposible. DÍGANME PORQUÉ SE MUEVE ENTONCES. ¿Porque no simplemente hacemos una habitación en común para todos y NO nos dividimos así? ¿Voy a morir? Es todo tan nuevo que es demasiado para procesar. ¿Y si me hago pis encima? Ay Dios, YA tengo que ir al baño. Carajo, nadie me preparó para esto. Y ojo eh, hasta ahora pasé por sólo un aeropuerto. Y me quedan muchos más por delante.

Muchachos, estoy jodida".

Dejé de escribir porque la chica que tenía al lado, claramente se había dado cuenta que estaba a punto de partir la pantalla en dos (en una situación como esa, no tuve en cuenta la salud de mi pantalla táctil) y juraría que ella estaba tratando de leer lo que escribía. Y no me lo podía permitir. Teníamos doce horas por delante y no quería que pensara que le tocó asiento con una loca fugada de un manicomio. Guardé el celular en el bolso y traté de no sentirme avergonzada. Después de todo, no la iba a ver nunca más en mi vida.

La verdad que a partir de ese momento sólo tengo recuerdos borrosos, no recuerdo exactamente que es lo que pasó, el despegue me encantó, esa sensación que se siente cuando el avión se separa completamente del suelo. Debo admitir que estaba prendida con uñas y dientes al asiento, pero al menos me dio unos minutos de distracción, pero cuando se estabilizó y ya no había nada nuevo que mirar, el pánico volvió.

Recuerdo haber tratado de retener las lagrimas, pero llegó un momento que no pude mas y tuve que ir al baño para llorar libremente. Me sentía tan sola, tan alejada de todo el grupo.. tenía miedo de que me pasara algo y no poder encontrar a nadie. Me sentía descompuesta, tenia un nudo en el estomago y garganta que me estaba matando.

El vuelo lo pasé como pude, apenas tocaba la comida, escuchaba música, miraba películas en la pantalla que había en el asiento del frente -las cuales eran MUY malas-, visité el baño unas cuantas veces (créanme si les digo que fui seis) trataba de leer un libro, y también podría decir que dormí, pero no fue así.
El asiento que apenas se reclinaba no estaba ayudando y me dormía por solo media hora, hacia algo por un buen rato y volvía a dormirme; luego me despertaba a los otros treinta o cuarenta minutos. No descansé como se debía en las doce horas. En fin, ese vuelo fue un infierno para mí.

Cuando anunciaron que ya estábamos llegando a España (de ahí haríamos escala hasta Londres) casi que salto del asiento. Gracias a Dios ya se había terminado. El aterrizaje estuvo bien. Salí del avión con la chica que se sentó conmigo y nos estaban esperando con colectivos para sacarnos de la pista y llevarnos al aeropuerto. No hubo mejor alivio y placer que respirar ese aire frío español. Obviamente, ya no estaba con la misma remera con la que salí de casa, tenía un suéter y una campera.

Hubo un momento de pánico en el que tuve que subir a el colectivo sola porque el primero ya estaba lleno, y adivinen que: todo mi grupo estaba en el primer colectivo. De todos modos, me quedé bastante tranquila porque todos se dirigían al mismo lugar. Cuando llegamos los encontré a todos - de casualidad- y caminamos un buen trecho por el aeropuerto para volver a pasar por otro control de seguridad y ya subirnos al otro avión, el que iba hacia Londres. El control estuvo un poco difícil porque los guardias no fueron especialmente amables, pero todo salió bien al fin y al cabo. Para ese entonces, ya eran casi las ocho de la mañana en Madrid (hay que tener en cuenta que entre España y Argentina hay cuatro horas de diferencia).

Apenas entré al avión me sentí mucho mas aliviada, era mucho mas chico que el anterior, y si bien todavía tenía esa sensación de que me faltaba el aire, me sentía mucho mas segura porque estaba mucho mas cerca de todos, y además, ese vuelo duraba solo una hora y algo. Pan comido.

Pude sentarme al lado de la ventana y mirar el amanecer, ¡fue hermoso! ver todas las nubes, el cielo aclarándose y cambiando de todos oscuros a violáceos y rosados hasta llegar al blanco brillante.

Llegamos a Londres en la mañana del 30 de Diciembre, y nunca podría haber estado mas emocionada por algo. El viaje acababa de empezar. Y tengo muchas cosas por contar.

viernes, 12 de febrero de 2016

INTRODUCCIÓN

Mis queridos lectores, para que este blog no sea sólo un montón de información perdida en la red, antes, tengo que contarles un poquito de mi vida, un poquito de historia.

Mi nombre es Romina, tengo diecisiete años y soy de Argentina, hija de los mejores padres del mundo y hermana de dos hermosas niñas.

Para que entiendan el propósito de este blog, voy a comenzar con uno de los recuerdos mas claros que tengo hasta el día de hoy: yo en el comedor de mi casa, con siete años de edad, hablando con mi mamá sobre empezar a estudiar en un instituto privado, para aprender inglés. Por las mañanas iría a la escuela y por la tarde, al instituto.

Recuerdo haber estado dando vueltas a la columna que estaba en el comedor, como en un gesto nervioso, mientras charlaba con mi mamá. Al final me dijo que tenia tiempo para pensarlo. Si mal no recuerdo, me dio tres días para elegir entre empezar el instituto o no. Yo elegía. Al final, mi decisión fue que estaba dispuesta a empezar el instituto. Mis papas antes me habían explicado todos los pros: que me serviría para un futuro, para buscar trabajo cuando sea grande, para comunicarme con mucha mas gente de todo el mundo, para negocios, el típico discurso que nos dan los padres para convencernos de hacer algo.

En fin, los dos primeros años en el instituto fueron excelentes: usábamos libros con los personajes de Disney, usábamos stickers, nos tenían mucha paciencia y nada era aburrido. Los tres o cuatro años siguientes fueron un martirio, yo lloraba porque no quería ir, no entendía los temas, estaba en una etapa de negación total al inglés. Pero algo pasó, no se qué, quizás fue de tanto escuchar canciones en ingles, o por la cantidad de películas americanas que veía en la tele, o porque muchas de mis amigas también estaban aprendiendo el idioma, que de pronto, empecé a amar el inglés. 

Para ya los dos últimos años de instituto -eran ocho en total- el inglés ya no era un idioma que me gustaba, sino que se había convertido en una de mis pasiones: cuando hablo ingles me siento como que si nadie me pudiera juzgar, me hace sentir que puedo expresarme libremente, me hace sentir mas segura de mi misma. Junto con todo eso, comenzó mi interés por el mundo alrededor de mi, por países extranjeros, por diferentes culturas, todo me fue influenciando poco a poco, y con el tiempo, aprendí que era un intercambio cultural, quien lo hacia, como y cuando.

A todo esto, se acercaba mi cumpleaños número 15, y para los que no saben, en Argentina se hace una celebración importante cuando una chica cumple esa edad. Generalmente una fiesta, con muchos invitados, una cena formal, Disc Jockey y una quinceañera que usa un hermoso vestido largo para una fiesta que termina recién a las seis de la mañana.
Ser el centro de atención nunca fue lo mio, y no me veía a mi misma haciendo tal cosa, por eso fue que descarté la fiesta de 15. Mi ultima opción era irme de intercambio cultural a algún país. Venia "cocinando" la idea desde hace unos cuantos añitos, me llamaba la atención muchísimo y lo mejor de todo, ¡es que era el combo perfecto! Ingles + conocer lugares que siempre quise. ¿Mejor? Imposible.

Con el paso del tiempo, durante unos meses, fuimos haciendo averiguaciones a distintas empresas y escuelas que se encargaban de hacer programas de intercambio. Lo mejor era que podría irme de intercambio con mi mejor amiga, Nicole. Aprovechando que su mama y la mía tienen lazos muy estrechos, se "unieron" para recolectar información, comparar empresas e investigar.

Al final, -gracias a un par de contactos en común- dimos con una empresa llamada Turam, de la provincia de Santa Fé.  Contactamos con la empresa y nos encantó su programa, lo que ofrecía y la manera en que estaba programado el viaje. Partiríamos un 28 de diciembre de 2014 y volveríamos para el 5 de febrero de 2015. Entre las cosas mas interesantes que incluía el programa estaba; tour por Irlanda, Inglaterra - donde también íbamos a la escuela y nos hospedábamos en casa de familia- tour por Escocia y Francia. Estaba mas que completo y no había que pensarlo dos veces.

Todo iba a la perfección, hasta que recibimos un e-mail al correo de mi mamá de parte de la administradora de la empresa, Luz, diciendo que yo no iba a poder participar del viaje de ese año. Imagínense ustedes como se me cayó el alma a los pies.

El problema era que al viajar con 15 años de edad, yo iba a tener que ir a una escuela diferente a la que van los mayores de 16 años de edad, cosa que no era muy conveniente. Además, generalmente hay más de una persona de 15 dispuesta a viajar, pero este año fue la excepción y yo era la única candidata de 15 años para el viaje. No lo valía. A cambio, me propusieron esperar hasta el viaje del año siguiente. Para ese entonces, ya no habría problema porque ya tendría la edad requerida.

Debo admitir que me costó un poquito superar el hecho de que ya no viajaría con mi mejor amiga, me puse muy mal en un principio, pero aún así me alegré por ella y nos prometimos volver en algún punto de nuestras vidas y hacer ese viaje juntas.

El tiempo pasó, mi mejor amiga volvió del viaje, con muchas anécdotas, emocionada - ¡y con muchos regalos! - y sin darme cuenta, faltaban ya pocos meses para mi turno. Y junto con el tiempo que pasaba, vinieron otras novedades, otros cambios. La empresa decidió cambiar el programa, y en vez de visitar Irlanda, visitaríamos Bélgica. ¡Fue una sorpresa!

La emoción y el nerviosismo iba  en aumento y aumento a medida que nos acercábamos a la gran fecha. De a poco me iba despidiendo de mis compañeras de la escuela, de mis amigas mas cercanas.. Eran casi cuarenta días de viaje, no es la gran cosa, ya lo sé, pero al menos me daba la excusa perfecta para reunirme con amigas.

Entre una de esas tantas despedidas, recuerdo una charla que tuve con unas de mis abuelas, en mi casa. Ella me preguntó que qué iba a hacer mientras estuviera allá, si iba a escribir en un diario mi día a día, o si sólo trataría de acordarme todo. Ella me hizo esa pregunta porque sabe que me gusta escribir desde chiquita, de hecho ella fue la persona que mas me influenció para escribir, para que nunca lo deje, ella quería que aproveche eso. Le respondí que trataría de escribir y dejar plasmado todo lo que pudiera. Lo iba a hacer por ella y por mí. Me encantaba la idea y estaba de acuerdo. Hice como una especie de pacto conmigo misma: cuando vuelva a Argentina, escribo absolutamente todo lo que tengo en mente, todo lo que recuerde del viaje, lo imprimo, y se lo entrego a mi abuela.

Así que, como se podrán estar imaginando, esto es para y por ella. Un blog secreto, algo que no se supone que nadie conozca - ¡al menos hasta que sea lo suficiente corajuda como para mostrárselo a toda mi familia! - Espero que a través de estos posts, puedan tener al menos un vistazo de todo lo que viví, y que ustedes puedan vivir aunque sea en sus imaginaciones un poquito de eso. Una "escapadita" de la realidad. Está escrito con todo el amor del universo y para que también ustedes, mis lectores anónimos lo lean. Ojalá que esta introducción no haya sido aburrida. ¡Disfruten lo que sigue!