La gran fecha había llegado.
Mi papá puso la valija en el baúl de nuestro auto y nos subimos todos. Casi que la tensión se podía tocar con los dedos. Pusimos la radio para que no se note tanto. En el camino hablamos de cosas sin importancia, y mi papa trataba de bromear. Yo tenia el pulso por las nubes y estaba considerando seriamente tirarme del auto y volverme a casa. Era la primera vez que pasaría tanto tiempo alejada de mi familia, siempre nos fuimos de vacaciones juntos, y si me iba sola alguna vez, me iba sólo por unos días. Ojo, yo sí confiaba en mi misma, sabia que iba a poder valerme por mi misma y ser responsable, pero el no tener una amiga con quien viajar, el estar completamente sola, me estaba poniendo nerviosa.
Al cabo de unos minutos llegamos a la terminal de colectivos de Santa Fé, que queda como a unos treinta minutos de mi casa. Eran como las once y media de la noche. Nos bajamos con todas mis pertenencias y fuimos a la parada en la que supuestamente habría un colectivo esperándonos para llevar a todo el grupo a Ezeiza -el aeropuerto mas grande de Argentina- que queda en Buenos Aires.
Faltaban mas de cuarenta de minutos para subirnos al colectivo, y yo tenia una calza larga puesta y no estaba favoreciendo para nada al calor que sentía, transpiraba un montón y no hacia mas que mirar a mi alrededor, tratando de adivinar - entre todo el montón de gente- quien estaba en mi grupo o quien era un pasajero más.
No es no conociera a nadie en absoluto, en realidad, unos meses antes, la empresa había organizado un par de reuniones informativas, en las que todo el grupo estaba invitado. Obviamente no era obligatorio ir, pero estaba bueno ir porque te llenaban de consejos y tips para el viaje. Lo mejor era que te podías sacar todas las dudas que tuvieras. Otra de las funciones de la reuniones era para que nos conociéramos entre nosotros, y yo NECESITABA conocer aunque sea a un par de chicas, para ir rompiendo el hielo y hacerme amigas más rápido. Pero el problema era que apenas terminaban las reuniones, cada uno se iba con sus familias rápidamente, y no daba margen para aunque sea una charla chiquita, ni siquiera para decirnos nuestros nombres. No conocía a nadie y tampoco me acordaba de ningún nombre. Estaba en bolas. Por eso me sentía ansiosa y nerviosa. ¿Con quien me siento en el colectivo? ¿Y si no me hablo con las chicas? Eran miles de preguntas que me hacía a mí misma, y sumémosle a todo eso que yo jamás me había subido a un avión.
Por suerte mis papas y mis hermanas me ayudaron a distraerme hasta que se hizo la hora de que me subiera al colectivo. Nos dimos un mega abrazo de despedida - mi papa casi lagrimeando- debo admitir que yo también estaba que se me salían unas lagrimitas de emoción, pero me obligué a mandarlas para adentro devuelta, no iba a llorar adelante de todos. Me subí al colectivo y le pregunte a una chica si me podía sentar al lado de ella. La verdad es que ya la tenia fichada, la había visto en una de las reuniones y me daba tranquilidad sentarme con una cara no tan desconocida. Nos pusimos a hablar un poco y me dijo que su nombre era Delfina. Estuvimos hablando por unos minutitos de cosas sin importancia, ella parecía muy tímida pero me caía bien. Después de que todo el mundo se hubiera subido, el colectivo finalmente arrancó. Se veía a todas las familias saludando desde abajo, todos con sus celulares filmando o sacando fotos, incluyendo papá. Todos movían sus manos en señal de saludo y yo no era la excepción.
Al cabo de un rato, recline mi asiento y me dispuse a dormir, teníamos aproximadamente seis horas de viaje por delante y tenia que tratar de ponerme cómoda. No, esperen: ni siquiera se podían reclinar los asientos. Además, tenia que llevar en mi falda un bolso gigante porque no entraba donde se pone el equipaje de mano. Por lo tanto, me olvidé de la comodidad y me puse a dormir.
Llegamos a Ezeiza como a eso de las nueve de la mañana, la verdad no recuerdo exactamente. Me impresionó el tamaño del aeropuerto. Es de no creer. Yo sabia que son gigantes, ¿pero tanto? Hicimos el check-in,que demoró bastante porque la cola era larga y nosotros eramos veinticinco personas. A pesar de que había hablado bastante con Delfina, no nos teníamos la confianza suficiente y ya no sabíamos de que hablar. El aire estaba muy tenso y todos nos limitábamos a hacer la cola silenciosamente. Hasta hice un intento - fallido- de tratar de incluirme en la conversación de unas chicas, pero al parecer no se dieron cuenta que estaba tratando de unirme y no funcionó. Fracaso total. Que vergüenza. A todo esto, la coordinadora del grupo, Cristina, se reía y no decía que ya íbamos a entrar en confianza. Después de un rato, gracias a Dios, un par de chicas se pusieron a hablar y me incluyeron en la conversación, traté de aprenderme los nombres. Pude sólo con uno. Los nombres definitivamente no son lo mio.
Yo la verdad que no tenía la mas pálida idea de que se hace en un check-in o como. Estaba totalmente perdida. Asique cuando estaba por ser mi turno, tome coraje y con valija, bolso y folio en mano, fui hasta el "puestito". Resulta que no había que hacer gran cosa, primero se le entrega el pasaporte, un par de papeles mas, te entregan el pasaje de avión y luego te hacen poner la valija como en una cinta transportadora, como la de los supermercados, pero mucho mas grande. Ahí mismo la pesan, y si esta todo bien, después te la despachan. Con el bolso de mano hacen exactamente lo mismo, con la diferencia de que no te lo despachan, lo tenes que llevar con vos adentro del avión.
En fin, es increíble la cantidad de papeleo que hay que hacer para los viajes. Cuanto mas grande el viaje, cuanto mas lejos, pareciera que hay mas y mas papeles. Por suerte yo me llevé una mini carpetita con divisores, y los tenia a todos etiquetados, donde iba el pasaporte, donde iba la autorización, donde iba el pasaje, ect etc. No me podía dar el lujo de perder nada de eso, todo era importante y bueno, obviamente,si llega a faltar algo de eso, Romina no se va a ningún lado.
Recorrimos un buen trecho - otra vez, todo parecía demasiado grande- y llegamos al "striptease", osea el control de seguridad. La coordinadora le llama así, y la verdad es que es tal cual. Tenes que poner todas tus pertenencias en una cinta -bolso de mano, cartera, mochila, lo que sea- y empezar a sacarte camperas, bufandas, zapatos, gorros y poner todo eso en la cinta para que todo pase por el escáner. Estábamos todos con ropa ligera de verano, asique no fue un problema.
Al lado de la cinta hay como un arco y cuando ya te sacaste todo recién podes pasar. El guardia te da la señal y pasas. Creo que gracias a Dios no me sonó. O sí. No me acuerdo, pero vino otro guardia -era mujer- y me pasó las manos por las piernas, brazos y estomago como para dar una repasadita final. Si esta todo bien buscás tus cosas y listo.
Pero bueno, como no quiero que este blog se convierta en un tutorial explicativo de como pasar el control de los aeropuertos, voy a seguir contándoles.
Después de eso, pasamos por el Duty Free Shop (Tienda Libre de Impuestos) que era gigante y tenía todas esas cosas que jamás vamos a poder conseguir en Argentina. Era un sueño. Tenia cosas de diseñadores, todos los dulces importados, electrónica, había para divertirse un buen rato, pero no nos quedamos ahí, directamente fuimos a la sala de espera.
La sala de espera tenia un vidriado gigante que daba a los aviones. Con Florencia -la conocí en la cola del check-in- fuimos a comprar algo para tomar a Starbucks (una cafetería) y nos sentamos a charlar con un par de chicas mas. Nos quedaba como dos horas de espera, o menos. Me conecté al WiFi y hablé un poco con mis papas. Con las chicas charlamos de todo un poco y nos dijimos nuestros números de asientos. Yo no coincida ni por asomo con ninguna. Me dije a mi misma que no me tenía que preocupar. Seguramente cerca de otra persona del grupo me tocaba. No iba a estar sola.
Después de un tiempo anunciaron por los parlantes que el avión ya estaba listo para abordar. Lo dicen con esa voz mecánica, como en las películas. Obviamente se llenó de gente, yo no podía creer que fuéramos tantos. Nos fueron llamando de a secciones, según el numero del asiento. Yo me empecé a asustar, porque todo el grupo ya había pasado, y yo seguía sola, esperando. Llamaron a un par de secciones mas, y yo quede entre el grupo de los últimos. Casi que temblaba.
Finalmente pude pasar, había que entregarle el pasaje y pasaporte a una mujer, lo ponía en un lector de código de barras y había que seguir derecho, por un pasillo todo hecho como de vidrio, que conecta directamente con la puerta del avión, donde había azafatas esperándote para decirte como encontrar tu ubicación.
No había tiempo para asimilar con tranquilidad la inmensidad de lo que era ese avión, apenas escuche a la azafata - que era española- y me mandé adentro del avión. Sentía que pasaba todo muy rápido. No se como, pero encontré el asiento. Vi que todos ponían sus bolsos en los compartimentos de arriba, asique yo hice lo mismo (no iba a hacer eso de llevarlo en la falda, como hice en el viaje hacia Ezeiza, no se imaginan como me quedaron las piernas, ¡rojas ardidas!) y me senté.
A todo esto, yo estaba entrando en pánico, literalmente. No había absolutamente NADIE del grupo en la sección donde yo estaba sentada. ABSOLUTAMENTE NADIE. Yo no sabia que hacer. El avión se seguía llenando y a mi con cada persona que entraba, más aire sentía que me faltaba. Llámenme exagerada, dramática, lo que ustedes quieran, pero era mi primer vuelo en la vida, y no solo que no entendía un carajo sobre aeropuertos ni aviones, sino que estaba COMPLETAMENTE SOLA en la otra punta del avión en un vuelo de doce horas. El aire me estaba faltando y no era cualquier cosa. Ver tanta gente parada, tantos bolsos, mochilas, el hecho de que los asientos eran pequeñísimos, todo estaba colaborando a que sienta como si me estuviera ahogando.
Pero al menos, dos cosas buenas pude rescatar:
1- Estaba en el pasillo, cosa que era excelente, porque podría ir al baño tranquilamente todas las veces que yo quisiera (soy una persona muy "apegada" al inodoro)
2- Estaba sentada al lado de una chica - no recuerdo su nombre- que tenia un par de años más que yo, fue muy amable conmigo. Me hablo un poquito de ella, me preguntó sobre mí y me enseñó como ponerme el cinturón de seguridad (cuando vio que yo estaba tratando de abrochármelo como una india)
Pero aún así, no era suficiente. Yo apenas le respondía a la chica, no podía parar de pensar como iba a yo pasar doce horas ahí dentro. Quería abrir las ventanas a toda cosa. No se cómo, pero quería. Estaba al borde de las lágrimas. Me arrepentía, me arrepentía muchísimo. Quería estar en casa, con mi familia, quería volver. No sabía que estaba haciendo ahí, yo no encajaba. Sentía que el techo se acercaba a mí cada vez más. Entre la desesperación para hacerme sentir mejor y tratar de no llorar adelante de toda esa gente, agarré mi celular, busqué la aplicación para escribir notas y descargué mis sentimientos ahí. O al menos una parte. Abajo, se los voy a poner. No les prometo que esté bien escrito, o que sea educado, o que este bien relatado, porque estoy segura que no es ninguna de esas cosas. Sean libres de reírse y burlarse todo lo que ustedes quieran.
"Esto es terrible. No, no y no. No esperen que pase. Doce horas acá, yo NO paso. ¿Se entendió? Les voy a arrancar una oreja si es necesario para que lo entiendan. Me tiro de una ventana, no sé. Eso lo veo después. No hay manera en este mundo que vaya a pasar YO doce horas seguidas en este avión. ¿Acaso están locos? Ni siquiera arrancó y yo ya estoy mareada ¡DÉJENME SALIR LA PUTA MADRE! ¿Que carajo es esto, esto de los aviones? ¿Quien fue el hijo de puta que los inventó? Madre mía. Hay mucha gente y es gigante, es como un hotel. Nada tiene sentido. Si no llegamos mágicamente dentro de cinco minutos probablemente muera. Ahora ya está. Llego a España y espero a que me busquen en una vaca voladora. Están locos. Gracias a Dios al lado tengo una chica re copada, ella me enseña y me cuenta todo del avión. Técnicamente, ella es igual de "primeriza" que yo en esto, se tomó su primer avión desde Tucumán para estar en Ezeiza hoy. Asique estamos casi en la misma.
Los aeropuertos son una guaseada, son una locura, no esperen que me ubique. No me ubico ni en mi ciudad, ¿de verdad esperan que lo haga acá?. ESPEREN UN SEGUNDO. ¿El avión se está moviendo para los costados? ¿O yo estoy histérica? No puede ser que este arrancando, ya me habría enterado. Además, la gente sigue acomodándose. Imposible. DÍGANME PORQUÉ SE MUEVE ENTONCES. ¿Porque no simplemente hacemos una habitación en común para todos y NO nos dividimos así? ¿Voy a morir? Es todo tan nuevo que es demasiado para procesar. ¿Y si me hago pis encima? Ay Dios, YA tengo que ir al baño. Carajo, nadie me preparó para esto. Y ojo eh, hasta ahora pasé por sólo un aeropuerto. Y me quedan muchos más por delante.
Muchachos, estoy jodida".
Dejé de escribir porque la chica que tenía al lado, claramente se había dado cuenta que estaba a punto de partir la pantalla en dos (en una situación como esa, no tuve en cuenta la salud de mi pantalla táctil) y juraría que ella estaba tratando de leer lo que escribía. Y no me lo podía permitir. Teníamos doce horas por delante y no quería que pensara que le tocó asiento con una loca fugada de un manicomio. Guardé el celular en el bolso y traté de no sentirme avergonzada. Después de todo, no la iba a ver nunca más en mi vida.
La verdad que a partir de ese momento sólo tengo recuerdos borrosos, no recuerdo exactamente que es lo que pasó, el despegue me encantó, esa sensación que se siente cuando el avión se separa completamente del suelo. Debo admitir que estaba prendida con uñas y dientes al asiento, pero al menos me dio unos minutos de distracción, pero cuando se estabilizó y ya no había nada nuevo que mirar, el pánico volvió.
Recuerdo haber tratado de retener las lagrimas, pero llegó un momento que no pude mas y tuve que ir al baño para llorar libremente. Me sentía tan sola, tan alejada de todo el grupo.. tenía miedo de que me pasara algo y no poder encontrar a nadie. Me sentía descompuesta, tenia un nudo en el estomago y garganta que me estaba matando.
El vuelo lo pasé como pude, apenas tocaba la comida, escuchaba música, miraba películas en la pantalla que había en el asiento del frente -las cuales eran MUY malas-, visité el baño unas cuantas veces (créanme si les digo que fui seis) trataba de leer un libro, y también podría decir que dormí, pero no fue así.
El asiento que apenas se reclinaba no estaba ayudando y me dormía por solo media hora, hacia algo por un buen rato y volvía a dormirme; luego me despertaba a los otros treinta o cuarenta minutos. No descansé como se debía en las doce horas. En fin, ese vuelo fue un infierno para mí.
Cuando anunciaron que ya estábamos llegando a España (de ahí haríamos escala hasta Londres) casi que salto del asiento. Gracias a Dios ya se había terminado. El aterrizaje estuvo bien. Salí del avión con la chica que se sentó conmigo y nos estaban esperando con colectivos para sacarnos de la pista y llevarnos al aeropuerto. No hubo mejor alivio y placer que respirar ese aire frío español. Obviamente, ya no estaba con la misma remera con la que salí de casa, tenía un suéter y una campera.
Hubo un momento de pánico en el que tuve que subir a el colectivo sola porque el primero ya estaba lleno, y adivinen que: todo mi grupo estaba en el primer colectivo. De todos modos, me quedé bastante tranquila porque todos se dirigían al mismo lugar. Cuando llegamos los encontré a todos - de casualidad- y caminamos un buen trecho por el aeropuerto para volver a pasar por otro control de seguridad y ya subirnos al otro avión, el que iba hacia Londres. El control estuvo un poco difícil porque los guardias no fueron especialmente amables, pero todo salió bien al fin y al cabo. Para ese entonces, ya eran casi las ocho de la mañana en Madrid (hay que tener en cuenta que entre España y Argentina hay cuatro horas de diferencia).
Apenas entré al avión me sentí mucho mas aliviada, era mucho mas chico que el anterior, y si bien todavía tenía esa sensación de que me faltaba el aire, me sentía mucho mas segura porque estaba mucho mas cerca de todos, y además, ese vuelo duraba solo una hora y algo. Pan comido.
Pude sentarme al lado de la ventana y mirar el amanecer, ¡fue hermoso! ver todas las nubes, el cielo aclarándose y cambiando de todos oscuros a violáceos y rosados hasta llegar al blanco brillante.
Llegamos a Londres en la mañana del 30 de Diciembre, y nunca podría haber estado mas emocionada por algo. El viaje acababa de empezar. Y tengo muchas cosas por contar.
Al cabo de un rato, recline mi asiento y me dispuse a dormir, teníamos aproximadamente seis horas de viaje por delante y tenia que tratar de ponerme cómoda. No, esperen: ni siquiera se podían reclinar los asientos. Además, tenia que llevar en mi falda un bolso gigante porque no entraba donde se pone el equipaje de mano. Por lo tanto, me olvidé de la comodidad y me puse a dormir.
Llegamos a Ezeiza como a eso de las nueve de la mañana, la verdad no recuerdo exactamente. Me impresionó el tamaño del aeropuerto. Es de no creer. Yo sabia que son gigantes, ¿pero tanto? Hicimos el check-in,que demoró bastante porque la cola era larga y nosotros eramos veinticinco personas. A pesar de que había hablado bastante con Delfina, no nos teníamos la confianza suficiente y ya no sabíamos de que hablar. El aire estaba muy tenso y todos nos limitábamos a hacer la cola silenciosamente. Hasta hice un intento - fallido- de tratar de incluirme en la conversación de unas chicas, pero al parecer no se dieron cuenta que estaba tratando de unirme y no funcionó. Fracaso total. Que vergüenza. A todo esto, la coordinadora del grupo, Cristina, se reía y no decía que ya íbamos a entrar en confianza. Después de un rato, gracias a Dios, un par de chicas se pusieron a hablar y me incluyeron en la conversación, traté de aprenderme los nombres. Pude sólo con uno. Los nombres definitivamente no son lo mio.
Yo la verdad que no tenía la mas pálida idea de que se hace en un check-in o como. Estaba totalmente perdida. Asique cuando estaba por ser mi turno, tome coraje y con valija, bolso y folio en mano, fui hasta el "puestito". Resulta que no había que hacer gran cosa, primero se le entrega el pasaporte, un par de papeles mas, te entregan el pasaje de avión y luego te hacen poner la valija como en una cinta transportadora, como la de los supermercados, pero mucho mas grande. Ahí mismo la pesan, y si esta todo bien, después te la despachan. Con el bolso de mano hacen exactamente lo mismo, con la diferencia de que no te lo despachan, lo tenes que llevar con vos adentro del avión.
En fin, es increíble la cantidad de papeleo que hay que hacer para los viajes. Cuanto mas grande el viaje, cuanto mas lejos, pareciera que hay mas y mas papeles. Por suerte yo me llevé una mini carpetita con divisores, y los tenia a todos etiquetados, donde iba el pasaporte, donde iba la autorización, donde iba el pasaje, ect etc. No me podía dar el lujo de perder nada de eso, todo era importante y bueno, obviamente,si llega a faltar algo de eso, Romina no se va a ningún lado.
Recorrimos un buen trecho - otra vez, todo parecía demasiado grande- y llegamos al "striptease", osea el control de seguridad. La coordinadora le llama así, y la verdad es que es tal cual. Tenes que poner todas tus pertenencias en una cinta -bolso de mano, cartera, mochila, lo que sea- y empezar a sacarte camperas, bufandas, zapatos, gorros y poner todo eso en la cinta para que todo pase por el escáner. Estábamos todos con ropa ligera de verano, asique no fue un problema.
Al lado de la cinta hay como un arco y cuando ya te sacaste todo recién podes pasar. El guardia te da la señal y pasas. Creo que gracias a Dios no me sonó. O sí. No me acuerdo, pero vino otro guardia -era mujer- y me pasó las manos por las piernas, brazos y estomago como para dar una repasadita final. Si esta todo bien buscás tus cosas y listo.
Pero bueno, como no quiero que este blog se convierta en un tutorial explicativo de como pasar el control de los aeropuertos, voy a seguir contándoles.
Después de eso, pasamos por el Duty Free Shop (Tienda Libre de Impuestos) que era gigante y tenía todas esas cosas que jamás vamos a poder conseguir en Argentina. Era un sueño. Tenia cosas de diseñadores, todos los dulces importados, electrónica, había para divertirse un buen rato, pero no nos quedamos ahí, directamente fuimos a la sala de espera.
La sala de espera tenia un vidriado gigante que daba a los aviones. Con Florencia -la conocí en la cola del check-in- fuimos a comprar algo para tomar a Starbucks (una cafetería) y nos sentamos a charlar con un par de chicas mas. Nos quedaba como dos horas de espera, o menos. Me conecté al WiFi y hablé un poco con mis papas. Con las chicas charlamos de todo un poco y nos dijimos nuestros números de asientos. Yo no coincida ni por asomo con ninguna. Me dije a mi misma que no me tenía que preocupar. Seguramente cerca de otra persona del grupo me tocaba. No iba a estar sola.
Después de un tiempo anunciaron por los parlantes que el avión ya estaba listo para abordar. Lo dicen con esa voz mecánica, como en las películas. Obviamente se llenó de gente, yo no podía creer que fuéramos tantos. Nos fueron llamando de a secciones, según el numero del asiento. Yo me empecé a asustar, porque todo el grupo ya había pasado, y yo seguía sola, esperando. Llamaron a un par de secciones mas, y yo quede entre el grupo de los últimos. Casi que temblaba.
Finalmente pude pasar, había que entregarle el pasaje y pasaporte a una mujer, lo ponía en un lector de código de barras y había que seguir derecho, por un pasillo todo hecho como de vidrio, que conecta directamente con la puerta del avión, donde había azafatas esperándote para decirte como encontrar tu ubicación.
No había tiempo para asimilar con tranquilidad la inmensidad de lo que era ese avión, apenas escuche a la azafata - que era española- y me mandé adentro del avión. Sentía que pasaba todo muy rápido. No se como, pero encontré el asiento. Vi que todos ponían sus bolsos en los compartimentos de arriba, asique yo hice lo mismo (no iba a hacer eso de llevarlo en la falda, como hice en el viaje hacia Ezeiza, no se imaginan como me quedaron las piernas, ¡rojas ardidas!) y me senté.
A todo esto, yo estaba entrando en pánico, literalmente. No había absolutamente NADIE del grupo en la sección donde yo estaba sentada. ABSOLUTAMENTE NADIE. Yo no sabia que hacer. El avión se seguía llenando y a mi con cada persona que entraba, más aire sentía que me faltaba. Llámenme exagerada, dramática, lo que ustedes quieran, pero era mi primer vuelo en la vida, y no solo que no entendía un carajo sobre aeropuertos ni aviones, sino que estaba COMPLETAMENTE SOLA en la otra punta del avión en un vuelo de doce horas. El aire me estaba faltando y no era cualquier cosa. Ver tanta gente parada, tantos bolsos, mochilas, el hecho de que los asientos eran pequeñísimos, todo estaba colaborando a que sienta como si me estuviera ahogando.
Pero al menos, dos cosas buenas pude rescatar:
1- Estaba en el pasillo, cosa que era excelente, porque podría ir al baño tranquilamente todas las veces que yo quisiera (soy una persona muy "apegada" al inodoro)
2- Estaba sentada al lado de una chica - no recuerdo su nombre- que tenia un par de años más que yo, fue muy amable conmigo. Me hablo un poquito de ella, me preguntó sobre mí y me enseñó como ponerme el cinturón de seguridad (cuando vio que yo estaba tratando de abrochármelo como una india)
Pero aún así, no era suficiente. Yo apenas le respondía a la chica, no podía parar de pensar como iba a yo pasar doce horas ahí dentro. Quería abrir las ventanas a toda cosa. No se cómo, pero quería. Estaba al borde de las lágrimas. Me arrepentía, me arrepentía muchísimo. Quería estar en casa, con mi familia, quería volver. No sabía que estaba haciendo ahí, yo no encajaba. Sentía que el techo se acercaba a mí cada vez más. Entre la desesperación para hacerme sentir mejor y tratar de no llorar adelante de toda esa gente, agarré mi celular, busqué la aplicación para escribir notas y descargué mis sentimientos ahí. O al menos una parte. Abajo, se los voy a poner. No les prometo que esté bien escrito, o que sea educado, o que este bien relatado, porque estoy segura que no es ninguna de esas cosas. Sean libres de reírse y burlarse todo lo que ustedes quieran.
"Esto es terrible. No, no y no. No esperen que pase. Doce horas acá, yo NO paso. ¿Se entendió? Les voy a arrancar una oreja si es necesario para que lo entiendan. Me tiro de una ventana, no sé. Eso lo veo después. No hay manera en este mundo que vaya a pasar YO doce horas seguidas en este avión. ¿Acaso están locos? Ni siquiera arrancó y yo ya estoy mareada ¡DÉJENME SALIR LA PUTA MADRE! ¿Que carajo es esto, esto de los aviones? ¿Quien fue el hijo de puta que los inventó? Madre mía. Hay mucha gente y es gigante, es como un hotel. Nada tiene sentido. Si no llegamos mágicamente dentro de cinco minutos probablemente muera. Ahora ya está. Llego a España y espero a que me busquen en una vaca voladora. Están locos. Gracias a Dios al lado tengo una chica re copada, ella me enseña y me cuenta todo del avión. Técnicamente, ella es igual de "primeriza" que yo en esto, se tomó su primer avión desde Tucumán para estar en Ezeiza hoy. Asique estamos casi en la misma.
Los aeropuertos son una guaseada, son una locura, no esperen que me ubique. No me ubico ni en mi ciudad, ¿de verdad esperan que lo haga acá?. ESPEREN UN SEGUNDO. ¿El avión se está moviendo para los costados? ¿O yo estoy histérica? No puede ser que este arrancando, ya me habría enterado. Además, la gente sigue acomodándose. Imposible. DÍGANME PORQUÉ SE MUEVE ENTONCES. ¿Porque no simplemente hacemos una habitación en común para todos y NO nos dividimos así? ¿Voy a morir? Es todo tan nuevo que es demasiado para procesar. ¿Y si me hago pis encima? Ay Dios, YA tengo que ir al baño. Carajo, nadie me preparó para esto. Y ojo eh, hasta ahora pasé por sólo un aeropuerto. Y me quedan muchos más por delante.
Muchachos, estoy jodida".
Dejé de escribir porque la chica que tenía al lado, claramente se había dado cuenta que estaba a punto de partir la pantalla en dos (en una situación como esa, no tuve en cuenta la salud de mi pantalla táctil) y juraría que ella estaba tratando de leer lo que escribía. Y no me lo podía permitir. Teníamos doce horas por delante y no quería que pensara que le tocó asiento con una loca fugada de un manicomio. Guardé el celular en el bolso y traté de no sentirme avergonzada. Después de todo, no la iba a ver nunca más en mi vida.
La verdad que a partir de ese momento sólo tengo recuerdos borrosos, no recuerdo exactamente que es lo que pasó, el despegue me encantó, esa sensación que se siente cuando el avión se separa completamente del suelo. Debo admitir que estaba prendida con uñas y dientes al asiento, pero al menos me dio unos minutos de distracción, pero cuando se estabilizó y ya no había nada nuevo que mirar, el pánico volvió.
Recuerdo haber tratado de retener las lagrimas, pero llegó un momento que no pude mas y tuve que ir al baño para llorar libremente. Me sentía tan sola, tan alejada de todo el grupo.. tenía miedo de que me pasara algo y no poder encontrar a nadie. Me sentía descompuesta, tenia un nudo en el estomago y garganta que me estaba matando.
El vuelo lo pasé como pude, apenas tocaba la comida, escuchaba música, miraba películas en la pantalla que había en el asiento del frente -las cuales eran MUY malas-, visité el baño unas cuantas veces (créanme si les digo que fui seis) trataba de leer un libro, y también podría decir que dormí, pero no fue así.
El asiento que apenas se reclinaba no estaba ayudando y me dormía por solo media hora, hacia algo por un buen rato y volvía a dormirme; luego me despertaba a los otros treinta o cuarenta minutos. No descansé como se debía en las doce horas. En fin, ese vuelo fue un infierno para mí.
Cuando anunciaron que ya estábamos llegando a España (de ahí haríamos escala hasta Londres) casi que salto del asiento. Gracias a Dios ya se había terminado. El aterrizaje estuvo bien. Salí del avión con la chica que se sentó conmigo y nos estaban esperando con colectivos para sacarnos de la pista y llevarnos al aeropuerto. No hubo mejor alivio y placer que respirar ese aire frío español. Obviamente, ya no estaba con la misma remera con la que salí de casa, tenía un suéter y una campera.
Hubo un momento de pánico en el que tuve que subir a el colectivo sola porque el primero ya estaba lleno, y adivinen que: todo mi grupo estaba en el primer colectivo. De todos modos, me quedé bastante tranquila porque todos se dirigían al mismo lugar. Cuando llegamos los encontré a todos - de casualidad- y caminamos un buen trecho por el aeropuerto para volver a pasar por otro control de seguridad y ya subirnos al otro avión, el que iba hacia Londres. El control estuvo un poco difícil porque los guardias no fueron especialmente amables, pero todo salió bien al fin y al cabo. Para ese entonces, ya eran casi las ocho de la mañana en Madrid (hay que tener en cuenta que entre España y Argentina hay cuatro horas de diferencia).
Apenas entré al avión me sentí mucho mas aliviada, era mucho mas chico que el anterior, y si bien todavía tenía esa sensación de que me faltaba el aire, me sentía mucho mas segura porque estaba mucho mas cerca de todos, y además, ese vuelo duraba solo una hora y algo. Pan comido.
Pude sentarme al lado de la ventana y mirar el amanecer, ¡fue hermoso! ver todas las nubes, el cielo aclarándose y cambiando de todos oscuros a violáceos y rosados hasta llegar al blanco brillante.
Llegamos a Londres en la mañana del 30 de Diciembre, y nunca podría haber estado mas emocionada por algo. El viaje acababa de empezar. Y tengo muchas cosas por contar.
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